Suburbia | ARCHIVO DE ARTISTAS 2017

Adrián Castañeda Romero
Bilbao, España

Artista seleccionado
Portfolio

Yo soy la ley. 2016 800x65x5
Resina de poliéster.


Adrian Castañeda​ (Salamanca, 1990), Graduado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, Máster en Producción artística en la Universidad politécnica de Valencia, es uno de los tres artistas seleccionados para presentar su trabajo en SUBURBIA durante la temporada 2017-2018.

Su trabajo, una herramienta para hacer pensar al receptor cuestiones de su sociedad contemporánea, parte de una ideología propia y personal, con una mirada crítica, que utiliza para abordar al estamento del poder. Símbolos, palabras, objetos… son la base material de su trabajo, descontextualizándolos, impregnándolos de ironía, buscando –y encontrando– la reflexión del receptor, estableciendo así una relación basada en la crítica entre obra y sociedad a la que remite.

Así es, en sus palabras, Castañeda quiere desarrollar un trabajo que inquiete, denuncie y juzgue, partiendo de la acción ejercida por el poder simbólico en nuestra sociedad, invitando a reflexionar en torno al panorama social, político y democrático contemporáneo.


STATEMENT
Considero mi práctica artística una herramienta que permite activar pensamientos entorno a las diferentes cuestiones que conciernen hoy a la sociedad contemporánea, siempre partiendo de un posicionamiento ideológico y ubicándome en el contexto actual, desde donde abordo bajo una mirada crítica diferentes aspectos relacionados con el poder, sus diversos mecanismos de hegemonía y el incesante destape de corruptelas a las que ha sido sometido. Como estrategia una constante apropiación de elementos simbólicos, el uso de las palabras y la descontextualización de objetos, jugando con la controversia, la ironía y la sátira. Busco desarrollar un trabajo que inquiete, denuncie y juzgue a partir de la acción que ejerce el poder simbólico en nuestra sociedad, invitando a parar y re exionar en torno al panorama social, político y democrático actual.

En este momento estoy desarrollando un proyecto a partir del análisis y cuestionamiento del estado actual de la democracia representativa, abogando por la democracia directa como garantía de una sociedad justa. Para ello analizo las diferentes fases por las que ha pasado el poder político a partir de un modelo de Estado, estableciéndolo como modelo de institución, una institución que a lo largo de la historia ha existido de maneras muy diferentes: como estados imperiales, ciudades estado o estados nación, pero que siempre han constituido sistemas de autoridad. Este modelo implica la construcción de un sistema de reglas y procedimientos en su territorio, que autoriza o deniega las diferentes actuaciones de sus individuos. Reglas y procedimientos que en muchos casos los encontramos en forma de leyes redactadas por cuerpos soberanos, y gestionadas desde el sistema judicial.

Pero esta capacidad que tiene un estado para implantar su autoridad siempre va a depender del uso de otras dos formas de poder: el poder coercitivo, que conlleva la aplicación de la violencia y la fuerza física, y que será clave a la hora de defender la integridad del anterior frente a cuestiones como una amenaza exterior, una conquista, paliar un desorden o una acción de desobediencia, y el poder simbólico que le permitirá sostener una legitimidad, a través de las diferentes formas simbólicas, y en la actualidad lo que Foucault denominó biopolítica.

Este poder, en occidente está basado en ideales democráticos, pero, ¿Qué es realmente lo que justifica una democracia? El valor de sus resultados puede ser poco atractivo, y es posible que con otros mecanismos obtuviésemos mejores rendimientos, es más, actualmente podemos tachar de inaceptables moralmente muchos de sus resultados.

El problema es que hemos relegado a un reducido grupo la toma de decisiones de un país. Unos individuos que, como ha quedado probado, no tienen la capacidad de representar los intereses del pueblo, y que toda acción es desarrollada en favor de su autointerés.
Es mi intención hacer frente a una anomalía social y democrática que ha sido legitimada por la ciudadanía, elaborando propuestas que se afanan en buscar cómplices que abandonen la posición subversiva a la que han sido relegados y se sumen a las filas.